En Uruguay, muchas empresas evalúan tecnología como si fuera un gasto “de TI”. Pero en realidad, casi siempre es una inversión en eficiencia. El problema es que se compra sin medir, o se mide mal: se habla de “modernización” y “transformación” sin traducirlo a números.
Qué significa ahorro operativo (de verdad): - Menos horas dedicadas a tareas repetitivas. - Menos errores y retrabajo. - Menos interrupciones por incidentes. - Menos dependencia de personas clave. - Menos riesgo de incumplimiento o multas. - Mayor velocidad para cobrar, producir o atender.
Un modelo simple de ROI en 4 pasos:
1) Medí el costo actual del proceso. Ejemplo: “2 personas dedican 2 horas/día a conciliaciones manuales”. Horas mensuales = 2 personas × 2h × 22 días = 88h/mes.
2) Poné valor a esas horas. No solo sueldo: también cargas, contexto, costo de oportunidad. Ejemplo: $U/hora estimada = 600 → costo mensual = 52.800.
3) Estimá reducción realista. No uses “80% porque suena bien”. Usá escenarios: 20%, 40%, 60%. Si reducís 40% → ahorro = 21.120/mes.
4) Compará con costo total del cambio. Incluye: herramienta + implementación + soporte + capacitación. Si el costo total es 200.000, el payback en este caso es < 10 meses.
Dónde suele aparecer el ROI más rápido: - Automatización de administración y finanzas (cobranzas, conciliaciones, facturación). - Estandarización de soporte (tickets, SLA, base de conocimiento). - Observabilidad/monitoreo (menos caídas, menos incidentes, menos urgencias). - Integraciones entre sistemas (evitar doble carga).
Advertencia importante: Si no hay procesos claros ni datos confiables, la tecnología no “arregla” nada: solo hace más rápido el problema. En esos casos, el ROI se construye primero con orden: roles, métricas, flujos y gobernanza.
La pregunta correcta no es “¿cuánto cuesta implementar?”, sino “¿cuánto me cuesta seguir operando así?”.